Por: Esteban Jesús Reyes Díaz
Fecha: 10 de junio de 2013
Considero que para todos los que hemos formado parte en algún momento de nuestra vida del grupo ANTARES de la Casa del Escritor de Manicaragua, escribir «algo» sobre Fidel Cruz Rosell, Fide, resulte un ejercicio harto difícil, complicado y nostálgico.
¿Qué arista destacar en un espacio no mayor de dos cuartillas?
No creo que diga cosas nuevas si decidiera referirme a su trabajo, cualquiera que este fuere, su consabida y demostrada sapiencia en el dominio del idioma, su prolija y variada incursión en la lectura, donde buscó y se nutrió de una cultura amplia, versátil y equilibrada, o su proverbial fluidez para engranar un pensamiento expresivo oral lógico.
Tampoco descubriría nada si me propusiera escribir de su papel en el grupo ANTARES, desde su fundación hasta el momento en que Fidelito dejó de existir físicamente.
¿Cómo calificar su presencia en el grupo? Muchas palabras vienen a mi mente: fundador, promotor, aliento, corazón, paradigma, precursor. Cuál de ellas o todas juntas. Me pregunto si podrán las palabras por sí solas ser capaces de lograr una calificación eficiente y justa.
Las palabras dicen, pero son incapaces de reflejar el dulzor de la miel con que se amasa el empeño. Por eso las palabras no bastan aunque resulte imposible sustituirlas en estas y otras circunstancias.
Para quienes no conocen las interioridades del grupo ANTARES debe resultar difícil concebir el papel de una persona en él.
Para los teóricos modernos de la sociología y la comunicación social, el grupo es un conjunto de personas que comparten un espacio y un tiempo en función de una tarea, con sus objetivos bien definidos y que se relacionan a partir de un interjuego de adjudicación y asunción de roles desde sus mutuas representaciones internas. Tareas que en su momento requieren de un líder, por lo que un grupo requerirá tantos líderes como tareas se proponga. El ANTARES llegó al estatus de grupo y, sin llegar a formar un colectivo, heterogeneidad de por medio, aprovechó sus beneficios.
Indiscutiblemente Fidelito asumió el rol de líder en tres de las muchas tareas que ANTARES ha desarrollado sistemáticamente para bien de sus miembros: «Tarde con ANTARES», «La Narrativa Hoy» y la sección «Mister Hyde». Para estas actividades, de las llamadas caracterizadas, se preparó siempre impecablemente.
Todos, en «Tarde con ANTARES», nos sentimos obligados a realizar un papel decoroso ante el resto de los compañeros y las preguntas, siempre bien encaminadas y prudentes del conductor.
En «La Narrativa Hoy» fuimos testigos de su enciclopédica cultura literaria y su envidiable memoria, que le permitía recordar autores, títulos, frases, fechas y corrientes con asombrosa exactitud, obligándonos, sin presión manifiesta, a un estudio mayor.
En su afán por ayudar a quienes nos iniciábamos en la difícil y no bien reconocida tarea de escribir, y a los más avesados en el tema, propuso crear la sección «Mister Hyde», una verdadera escuela de colaboración colectiva para con el autor de un texto en preparación y aspirante a convertirse en futuro libro. Allí Fidel demostró no solo su dominio en cualquier género, sino, y más que todo, su solidaridad, apoyo, maestría y limpieza espiritual.
Fuera del ámbito puramente literario y quizás dentro de las tareas menos conocidas por muchos, pero de mayor dominio por mi parte, quiero dejar constancia de su paso por la Comisión de Prevención y Atención Social y su empeño para que la cultura contribuyera a la formación adecuada de niños, jóvenes y adultos. Esta Comisión se vio privilegiada con la presencia de varios compañeros que a la postre constituyeron el grupo ANTARES y la Casa del Escritor: Mario Brito, Eduardo Morejón, Fidel Cruz y Saimí Alba, grupo al que en su momento también me integré. Todos se esmeraron por alcanzar posiciones destacadas en las tareas que se les encomendaban.
Al grupo ANTARES, a la Casa del Escritor, al fuerte movimiento literario manicaragüense, a la Dirección de Cultura, al Gobierno y al Partido, les queda el legado de Fidelito, su tenacidad ante los avatares de la vida y la, para mí titánica, tarea de buscar un sustituto para el necesario Fidel Cruz Rosell, para que no muera ANTARES, para que la Casa del Escritor siga cosechando lauros, para que la literatura manicaragüense siga creciendo, para que Cultura, el Gobierno y el Partido, junto con el pueblo todo, se sientan orgullosos de sus creadores literarios y que su posición de vanguardia no se pierda con la desaparición de nuestro Fide.




