Acariciaba el agua los ojos del viajero

Por: Déborah García

Qué cálido, muchacha, que estén en ti mis cosas.
Estuve, tú dormías, puse allí mi equipaje.
Hoy separé mis ojos de tu lugar de tablas
húmedas y la arena aquí está todavía.
Tú sales de la cama, muchacha, a medianoche
y te llevas el sueño muelle adentro
enroscado en tu cuerpo, salado ya en las puntas.Porque pasan la noche tus pies dentro del agua
y se duerme sin puertas
la puerta de tu casa
qué dulce mi equipaje allí contigo
y el olor como a velas
prendido en las camisas que me traes ahora.
Por el vértigo suave de pedirte
(como ese roce próximo a la boca
que me cierra los ojos y me obliga a morderme)
de decirte muchacha, camina entre mis cosas,
trae algo para el día que de tus manos venga,
de tu casa en los muelles
ver, muchacha salobre, cómo tersa tu vientre
la lúbrica distancia de la próxima noche
en que casi sabemos
que no volverás sola a dormir junto al agua.

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