Poemas

Por: Isaily Pérez

La vida en otra parte

Mientras ando y llovizna
pienso la vida que no viviré en este sitio
ni en otro,
la vida que guardada he perdido
atesorada en balde como ciertas monedas en desuso.
Siempre,
en algunas calles de La Habana y Santa Clara
pienso lo mismo:
un cuento de Borges
que trata de un jardín y sus bifurcaciones,
y creo para mí
mientras ando la calle donde evito comer
decir mi nombre
para que nada quede ni se vaya conmigo.
Detrás de cualquier puerta
otro yo está haciendo cosas
que no puedo aceptar tranquilamente.

Soledad de Jeremías Stanford

Tú que en mitad de la noche
sacabas a tu perro
sentiste la tremenda emanación del Desert Rose
cruzar las tres manzanas.
Lo sentiste en el plexo de lo que llamarías juventud
pero creciste mucho
y ahora lees los clásicos:
«Así debió rugir aquel primer asalto a las murallas»;
y tiras la cadena
pues anhelas volver a tus estancias
debajo de los láser que buscan en el cielo
un no sé qué purpúreo
y semejan la luz
que pusieron los dioses sobre Aquiles
pero ya estaba muerto.

La visita

Si alzado el mediodía colonial
bajo su acerba luz acaso vuelvo a verte
dónde pondré las manos…
Revolviendo lo amargo que hace rato no humea
pisos ajedrezados
desde mi incertidumbre miraré.

La sal de la tierra

Para Lidialys y Andrés.
Para Legna.

Que te vuelva a encontrar,
amiga mía,
que las luces de Facebook y sus cables acuáticos
me lleven hasta ti,
que códigos binarios reedifiquen tu rostro,
que lo que no comprendo sea amable.
Que te vuelva a encontrar,
amigo mío,
la cerveza en tu perga
lanza al aire sus ebrios voladores de espuma
y tú tienes los años que yo resisto ahora
y yo estoy en mis veinte todavía,
que te vuelva a encontrar así pasen mil años
al final de esa tarde en la Pastora
que mis fotos te guarden.
Que te vuelva a encontrar,
amiga mía,
que me asistan las ruedas de plegaria impulsadas por vientos
y las ruedas de agua,
que te vuelva a encontrar: tú la joya en el loto,
que lo desconocido sea amable.
Que te vuelva a encontrar,
amigo mío,
que pierda yo aquel tren mientras vuelves a casa
–sin saberlo allí estoy soplando mi café–,
que me extiendas tu nombre en la sala más tibia,
que nos confiemos siempre
en la amabilidad de los extraños.
Que los vuelva a encontrar,
amigos míos,
en Mallorca, New Jersey, Santa Clara,
que todo es escenario pero ustedes son tierra,
el eje donde rota el mundo conocido,
debajo de sus ramas nos tomamos las pergas,
nos reímos de nada,
amigo, mi confianza.

Viernes 1: 30 p.m.

Copa plástica,
la noche es de los otros y ha manado a otro sitio.
Como un golpe en el plexo la huida de la noche…
Cuando empiece a quitarme
lo que se llamaría juventud contra la servilleta
(mi Warhol desechable)
cuéntame entre los muertos.

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