Por: Déborah García Qué cálido, muchacha, que estén en ti mis cosas. Estuve, tú dormías, puse allí mi equipaje. Hoy separé mis ojos de tu lugar de tablas húmedas y la arena aquí está todavía. Tú sales de la cama, muchacha, a medianoche y te llevas el sueño muelle adentro enroscado en tu cuerpo, salado …




